Tradición y Porvenir

GRAN ORIENTE DE LA FRANC-MASONERÍA DEL URUGUAY

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Libertad – Igualdad – Fraternidad
Libertad Absoluta de Conciencia

LA MASONERIA: TRADICIÓN Y PORVENIR
¿De dónde venimos? – ¿Quiénes somos? – ¿A dónde vamos?

INTRODUCCIÓN

Ofrecer una información objetiva sobre la Francmasonería y el Gran Oriente de la Franc-masonería del Uruguay y brindar a la curiosidad de aquellos que se interrogan sobre sus actividades los elementos de una reflexión fecunda y esclarecedora, no parece -a primera vista- una tarea sencilla.

Siempre, la presentación ante la opinión pública de las actividades, de los ideales y de las Instituciones en las cuales se agrupan hombres y mujeres que comparten un cierto número de elementos comunes, tiene sus dificultades. Mucho más cuando estamos hablando de una Institución que, antes que nada, une a hombres y mujeres en torno a una serie de prácticas y fundamentos, que forman usos y costumbres conformando una verdadera Tradición; la cual además, se remonta hasta el fondo de los tiempos, varios siglos, a lo menos.

Comprender entonces, lo que es la Francmasonería y el Gran Oriente de la Franc-masonería del Uruguay , solicita del lector un gran esfuerzo, pues, la objetividad de su lectura, seguramente puede estar influenciada por aquellas imágenes inconscientes y casi míticas que los prejuicios sociales han impreso sobre la Francmasonería y los francmasones.

Mucho se ha escrito sobre esta Institución. Hoy es posible encontrar en las librerías una multitud de obras periodísticas, esotéricas, apologéticas o francamente hostiles. Hay de todo, como en botica, y para todos los gustos. Pero, estas obras, aun las no hostiles, aun aquéllas que puedan ser incluso apologéticas, reflejan sobre todo los puntos de vista de sus autores: al leerlas, ofrecen tantas facetas de la Institución, que, vista desde el exterior a la misma, tantos puntos de vista, las más de las veces contradictorios, no permiten comprender realmente lo que la Francmasonería fue en la historia, y lo que ella es realmente hoy día.

Las páginas que siguen, son sólo un intento de presentar la Orden Masónica y el Gran Oriente de la Franc-masonería del Uruguay a lectores que buscan una información sobre la misma, no para juzgar, sino para comprender. Por ello, esperamos una actitud mental abierta, para asimilar esta información, sin pasar por el tamiz de lo dicho y lo repetido durante decenios, muchas veces, opiniones interesadas, cuando no agresivas y hostiles.

En todo caso, este texto ha sido elaborado con ese estado de espíritu. Y es en ese estado de espíritu abierto y comprensivo, que solicitamos que sea leído.

LECCIONES DEL PASADO

La larga historia de la Institución Masónica, y su vasta implantación en el mundo, conformando una multicolor colectividad de hombres y mujeres de diversas razas, lenguas, tradiciones; creyentes o ateos, ha aportado a la Francmasonería una preciosa experiencia. Y la lección más grande que ella puede obtener hoy día de esa Tradición, es tal vez, la de una perpetua superación, la de la adaptación sin cese de sus métodos a las realidades y a las esperanzas de las sociedades humanas en continuo cambio.

Esta continuidad en la Cadena del Tiempo marca, para la Francmasonería moderna, la solidaridad que la liga a sus Hermanos desaparecidos y a sus esfuerzos realizados para mejorar al Hombre y a la Sociedad. Esta es una real fuente de enriquecimiento y de ánimo.

LOS ANCESTROS DE LOS FRANCMASONES

La Francmasonería bajo su forma actual, nació a principios del siglo XVIII en Gran Bretaña. Pero sus orígenes son muy antiguos y múltiples. Simbólicamente, la masonería remonta su origen hasta la construcción del Templo de Jerusalén por parte del rey Salomón. Numerosas teorías, muchas veces fantasiosas, quieren encontrarle a la Institución, una filiación directa con numerosas sociedades iniciáticas de la Antigüedad y de la Edad Media, sociedades en las cuales, a través de la reflexión interior, la observación metódica o la ascesis mística, muchos espíritus evolucionados buscaban, a través del lenguaje simbólico, las formas de comprensión del mundo en el cual vivían, y explicarse el lugar del hombre en el universo.

La Edad Media conoció múltiples asociaciones de oficios (herederos, tal vez, de los collegia del Imperio Romano) donde el saber profesional se trasmitía por cooptación e iniciación en las artes del oficio. No existen en realidad pruebas materiales de la filiación de estas confraternidades o de esos gremios con las sociedades iniciáticas del tipo que explicáramos más arriba; ni, como lo han afirmado ciertos autores, con la Orden de los Templarios. Aunque tampoco se puede negar rotundamente que hayan podido haber contactos, en una Edad Media donde el ambiente era propicio – particularmente en torno a las grandes construcciones de castillos e iglesias – a los encuentros para los intercambios de conocimientos profesionales. Los Templarios, por ejemplo, fueron constructores de catedrales, y por esta vía fue tal vez posible intercambios de tipo intelectual y/o religioso.

Los Masones (del inglés: albañil), constructores de iglesias y de catedrales, conformaron muy rápidamente un oficio aparte: los secretos profesionales del arte de construir eran numerosos, las Obras en construcción eran enormes empresas para la época (y aun ahora: imaginemos construir hoy día un Notre Dame de París!!); la protección de la Iglesia que comandaba las construcciones así como la necesidad de los desplazamientos de un lugar a otro, muchas veces a muy grandes distancias, fue permitiendo a los Masones, a la vez Arquitectos y Jefes de las Obras, de escapar a la servidumbre señorial. Desde el siglo XII al menos, constituyeron un franc-metier (oficio libre); eran franc-maçons en francés o free-massons en inglés, es decir, franc o free significando libre y titular de un estatuto personal y profesional independiente de las jurisdicciones señoriales y feudales.

Estas asociaciones de Francmasones, muy vitales todavía en el siglo XV, entraron luego en decadencia. Las causas generales de ese decline son múltiples: abandono de la arquitectura “gótica” por la del Renacimiento, desarrollo de la enseñanza escrita del arte de la construcción, trastornos políticos que llevaron a poner fin a las grandes obras de construcción, desarrollo de los poderes centrales, que impusieron nuevas reglamentaciones a las corporaciones, restringiendo su independencia, etc.

LOS ORÍGENES EN INGLATERRA

Tempranamente, la organización de los Free-masons se transforma profundamente en Gran Bretaña. En sus Logias (reuniones) se encontraban cada vez más numerosos, los Masones “aceptados”, nobles, eclesiásticos o burgueses, que no tenían ninguna atadura con la profesión de constructores. De esta manera, la Masonería “operativa” se fue transformando en Masonería “especulativa” o filosófica; así, no se busca en esos Talleres donde se reúnen los albañiles y arquitectos constructores, los mejores procedimientos para la construcción, o como elaborar mejor la argamasa con la que ensamblar las piedras del edificio, sino que ahora se conversa y se busca cada vez más, cuáles son las vías a transitar para que los hombres puedan armoniosamente juntarse a los efectos de construir una humanidad mejor y más esclarecida. Esta “nueva” Masonería toma de la “antigua” un gran número de sus símbolos, sus reglas de disciplina, de comportamiento y sobre todo el noble ideal de perfeccionamiento del Ser Humano: es necesario construir este Ser de la misma manera como los antiguos construían las catedrales.

El 24 de junio de 1717, cuatro de estas Logias de Londres se reunieron para festejar el Solsticio de verano nórdico, y se constituyeron en Gran Logia, atribuyéndose el poder de regir los otros talleres. Esta Gran Logia estableció en 1723 las Constituciones llamadas de Anderson, por el apellido del Pastor protestante que las redactó, las cuales codificando los antiguos deberes masónicos, fueron y son todavía la carta reconocida de la Francmasonería Universal.

Era también la época donde se desarrollaba lo que se llamaría luego la Filosofía de las Luces o Iluminismo, y todos aquellos que participaban, a cualquier título, de esta gran corriente de ideas innovadoras que pregonaban la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad para todos los humanos, no podían no adherir a la Francmasonería, que hacía de esa divisa su propio fundamento.

Muy rápidamente, la Masonería se extiende por el Viejo Continente y también en las Américas. No por conocida, no deja de ser casi imperioso señalar una vez más el rol que jugó la Masonería en las luchas patrióticas: una buena parte de nuestros Libertadores, eran miembros de la Institución.

Pero, a estas alturas una pregunta puede ser pertinente: ¿Será entonces – luego de lo que venimos de ver – que la Francmasonería es sólo una supervivencia de viejas ideologías hoy superadas?

Pero, también podemos preguntarnos, ¿están superadas las nociones de Libertad, Igualdad y Fraternidad, las solas banderas que la Francmasonería haya siempre enarbolado? Cierto es que muchas otras doctrinas han sido elaboradas desde el siglo XVIII a esta parte, lo que pueden hacernos pensar que aquellas divisas masónicas datan de hace ya mucho tiempo, que se han vuelto viejas. Más, esto sería cierto si ese ideal masónico hubiere sido ya alcanzado. Sin embargo, no parece éste ser el caso…. Tanto si observamos hacia nuestro entorno social cotidiano, como si echamos una mirada planetaria, seguimos viendo la vigencia de las luchas contra la opresión, constatamos lo poco pacífico que es nuestro mundo y cómo se desarrolla la violencia en nuestras sociedades, o como todavía se sigue considerando a los humanos diferentes de acuerdo a su sexo, raza y color, creencias o medios materiales que posea. Entonces, la Francmasonería continúa refiriéndose al tríptico de Libertad, Igualdad y Fraternidad como un ideal permanente, y busca agrupar a los hombres y mujeres que sinceramente crean que es posible avanzar en ese sentido.

La Francmasonería busca hacer avanzar la Humanidad hacia el Progreso, que ella llama La Luz. Pero este objetivo tiene poco que ver con el solo progreso técnico o material – como comúnmente se confunde – incluso si esto, por supuesto, no está ausente de sus preocupaciones, en la medida en que también pueda liberar al Hombre (cuando muchas veces en realidad lo que hace es aprisionarlo o someterlo).

La imagen que tal vez más convenga entonces para presentar a la Francmasonería es asimilarla a un árbol: para desarrollar sus ramas cada vez más altas y más lejos, tiene necesidad de desarrollar al tiempo poderosas y profundas raíces. Sus ramas serán tanto más vigorosas que sus raíces serán profundas. Así también puede resistir a las tempestades: puede ser que se vea a algunas de sus ramas rotas, pero siempre puede brotar de nuevo. La Francmasonería ha sufrido ataques y persecuciones. Pero siempre ha resurgido.

La Francmasonería entonces, está hecha de permanencias: su ideal continúa siendo el de los masones operativos del medioevo y el de los masones especulativos del Iluminismo; es humanista, ante todo, y progresista. Cree en el Hombre y en su perfectibilidad. Es la razón por la cual intenta ser innovadora, intenta ubicarse en su tiempo y su fidelidad a un ideal tan viejo, no le impide, en nombre de ese mismo ideal, interesarse y contribuir a preparar el porvenir.

UNA SOCIEDAD MISTERIOSA

La Francmasonería, entidad simbólica independiente de los partidos y de los poderes políticos, ha sufrido muchas ataques; su ideal democrático le ha valido – actualmente también – de ser perseguida por los regímenes políticos totalitarios; por el liberalismo de sus concepciones filosóficas ha sido condenada por la Iglesia Católica, y sus miembros excomulgados. Sin embargo, la Francmasonería ignora estas reacciones hostiles y continúa su trabajo.

Cada Francmasón “desbasta su piedra bruta”: se enriquece moralmente del trabajo cumplido por él mismo y sus Hermanos. Su lento progreso individual es el objetivo esencial de la Masonería. Las “piedras pulidas” sirven para construir el Templo, construcción incansablemente proseguida desde hace siglos. El Templo está destinado a todos los Hombres y sus constructores no desean reservarlo para su uso exclusivo.

La decoración de los Templos y el Ritual de las Tenidas (reuniones) masónicas muchas veces sorprenden a quién solo ve decorado y ceremonial. El Francmasón los acepta sin complejos, dado que él conoce el valor simbólico y sabe lo útiles que son en sus trabajos, creando la atmósfera tan particular de un Taller masónico, asegurando de esta manera la buena marcha de los trabajos.

Por pintoresca o pasadas de moda que puedan parecer estas ceremonias a los ojos de los profanos, ellas son para los Francmasones tanto más emocionantes en la medida que ellas representan la marca más auténtica de la originalidad y de la universalidad de la Orden. Efectivamente, más allá del lugar geográfico, de las opiniones sustentadas, de la lengua en que se comuniquen y de la originalidad de los Talleres, el elemento común a todos los Francmasones del universo es su metodología simbólica de trabajo representada por el Ritual y la decoración de sus Logias.

INICIACIÓN Y SIMBOLISMO

Los Francmasones saben también que la regla del silencio sobre sus trabajos en Logia y sobre la vida interna de sus Obediencias, garantiza en sus Talleres la absoluta libertad de expresión y asegura a la Orden una mayor cohesión.

La discreción entre los Masones – que algunos podrían considerar exagerada – se explica también por las lecciones resultante de la historia. Esta nos enseña que todo régimen político arbitrario – siempre a temer – no falta jamás a la cita de alguna campaña antimasónica, cuando no, muchas veces, a la pérdida de libertad de los Francmasones conocidos. ¿Quién no ha sentido hablar de las “conspiraciones judeo-liberales-masónicas”, pregonadas por tantos autoritarios de los más diversos orígenes ideológicos?.

La búsqueda de la Verdad a través de las vías iniciáticas y el lenguaje de los símbolos es la esencia misma de la Francmasonería.

Los Francmasones no son místicos persiguiendo algún Absoluto esotérico ni fieles iluminados de una religión ocultista. La Iniciación masónica, sin embargo es mucho más que una simple ceremonia de recepción; es simbólicamente una muerte y una resurrección. Invita y compromete al nuevo iniciado a ser franco consigo mismo, con sus imperfecciones, a desearse más puro, a despojarse de sus pasiones materiales y de sus prejuicios, a conocer y desplegar las fuerzas espirituales que se encuentran en él, gracias a las cuales puede progresar en el camino hacia el Conocimiento.

El lenguaje simbólico mal comprendido, para el profano, no es más que un conjunto abigarrado de signos y analogías confusas; pero, si para el Francmasón esos símbolos no tienen valores mágicos, sin embargo están cargados de significados y de valores; son un medio práctico de aprehender las ideas, y lejos de imponer un límite al desarrollo del pensamiento, ayudan a través de la libre interpretación, a mejor penetrar en la realidad del mundo en que vivimos.

El simbolismo masónico es un lenguaje comparable al simbolismo matemático; conviene a todos los espíritus, incluso a los más racionales. Lejos de estar superado, encuentra una justificación nueva en los progresos de la psicología y de la sociología modernas que muestran cuánta necesidad tiene, el espíritu humano, de los símbolos, para comprender las realidades de la vida.

TOLERANCIA Y HUMANISMO

La enseñanza masónica no es una metafísica. La Iniciación masónica no es una Revelación definitiva de una Verdad única. La vía iniciática brinda al individuo los instrumentos simbólicos indispensables a su perfeccionamiento; no es un dogma sino un método.

El Gran Oriente de la Franc-masonería del Uruguay no es por tanto ni una religión ni una Iglesia, sino una sociedad de hombres y de mujeres libres; no impone a sus miembros ninguna creencia metafísica. Se esfuerza por desarrollar en ellos un espíritu crítico, espíritu de libre examen. Los Francmasones son, ante todo, libre-pensadores. Estiman que no se trata ni de llegar a la Verdad Absoluta, definición válida para todos los tiempos, ni de sustraerse al juicio de la Razón.

Las reglas de disciplina interior y de discreción con respecto al mundo profano no limitan la libertad del Francmasón. Entrando en el Gran Oriente de la Franc-masonería del Uruguay , el profano no renuncia a ninguno de sus derechos, a ninguna de sus convicciones; él se impone como primer deber el respeto de las opiniones de sus Hermanos y se asegura la posibilidad de expresar libremente las suyas. La tolerancia mutua, que es la regla de trabajo masónica, permite todas las confrontaciones de ideas.

Apegados, desde su mismo origen, al respeto del pensamiento, entonces, al respeto del Hombre, los Francmasones no han aceptado nunca ningún menoscabo, cualquiera sea su carácter, al espíritu de libre crítica y de libre exámen. Siempre han denunciado toda fuerza limitante, condicionadora o violadora de las conciencias.

La confianza en el Hombre que proponen los Francmasones los lleva a creer en su perfectibilidad y en la de las sociedades: su filosofía es resueltamente optimista. Y a pesar de los momentos obscuros por los que de tanto en tanto pasan los países o la Humanidad, los Francmasones siempre accionan y piensan en que esos períodos son pasajeros y que el Hombre y las sociedades humanas encontrarán los caminos de su libertad.

En nuestro mundo, las preocupaciones materiales banales privan muchas veces al individuo de sus propias posibilidades de profunda reflexión sobre si mismo y lo que le rodea. Lo mismo sucede cuando el hombre no obtiene ni lo mínimo indispensable para él y los suyos sumidos en la pobreza absoluta. Ambas facetas son percepciones de un mismo fenómeno que justifica las injusticias.

El conformismo de la civilización de masas tiende a reducir el lugar de los valores morales y espirituales indispensables al equilibrio de las conciencias. Las Logias masónicas defienden el humanismo y buscan los medios de definir las nuevas formas que debe tomar en el mundo actual.

En un mundo y una sociedad donde los valores materiales sirven casi siempre de único criterio de discernimiento, el Francmasón intenta por la vía del ejemplo de sus Hermanos y Hermanas, y por las enseñanzas de la Orden, ser un hombre justo o una mujer justa y obedecer a las obligaciones morales del honor y de la probidad. La Francmasonería, además de una escuela del pensamiento, es ante todo una escuela de dignidad humana.

SOLIDARIDAD Y FRATERNIDAD

“Centro de Unión”, la Francmasonería Universal tiene por misión agrupar las buenas voluntades dispersas por el Universo. Los Francmasones del Gran Oriente de la Franc-masonería del Uruguay dan, a la fraternidad que los une a todos los otros Masones del mundo, un sentido muy profundo de respeto, de estima y de afecto, más allá de divergencias de opinión – natural entre hombres y mujeres libres – de condición social, de nacionalidad, raza o sexo, en la igualdad más completa del derecho de cada uno. El Gran Oriente de la Franc-masonería del Uruguay recibe en sus Logias a todos los Francmasones, independientemente de la Obediencia en la que fueron iniciados o a la que pertenezcan.

Muchas veces se ha caricaturizado esta solidaridad entre los Francmasones. Se ha pretendido ver en la Francmasonería a una sociedad de servicios mutuos, incluso una misteriosa “mafia” que asegura el éxito social de sus miembros. Son opiniones – seguramente interesadas – que olvidan que las preocupaciones de la Francmasonería son esencialmente filosóficas y cívicas y que su filantropía se ejerce mucho más sobre el plano moral que sobre el plano de lo material. La Orden Masónica no está al servicio de sus miembros, sino al servicio de su ideal. De acuerdo a este criterio, rechaza de su seno – con la misma severidad – tanto a quienes traicionan conscientemente sus principios; a quienes tienen una vida profana no digna de un hombre o de una mujer de honor; como a aquéllos o a aquéllas que han venido a la Institución por cálculo inferior o por ambición mundana.

Pero, es evidente, por otra parte, que el Francmasón es vecino, en su Logia, de hombres o mujeres muchas veces eminentes y representativo de todos los medios económicos, sociales y culturales, por lo que se enriquece intelectualmente, articula ideas, informaciones, se perfecciona en el arte de la expresión y de la escucha; del intercambio de opiniones. El, o ella, adquiere de esta manera, insensiblemente, progresivamente, calidades que el mundo profano consagra y promociona, lo que muchas veces, hace del Francmasón un hombre o una mujer apto para recibir la confianza de puestos que requieren y exigen, de él o ella, competencia y seriedad en sus tareas.

EL TRABAJO MASÓNICO

La Francmasonería, entidad simbólica independiente de los partidos y de los poderes políticos, ha sufrido muchas ataques; su ideal democrático le ha valido – actualmente también – de ser perseguida por los regímenes políticos totalitarios; por el liberalismo de sus concepciones filosóficas ha sido condenada por la Iglesia Católica, y sus miembros excomulgados. Sin embargo, la Francmasonería ignora estas reacciones hostiles y continúa su trabajo.

Cada Francmasón “desbasta su piedra bruta”: se enriquece moralmente del trabajo cumplido por él mismo y sus Hermanos. Su lento progreso individual es el objetivo esencial de la Masonería. Las “piedras pulidas” sirven para construir el Templo, construcción incansablemente proseguida desde hace siglos. El Templo está destinado a todos los Hombres y sus constructores no desean reservarlo para su uso exclusivo.

La decoración de los Templos y el Ritual de las Tenidas (reuniones) masónicas muchas veces sorprenden a quién solo ve decorado y ceremonial. El Francmasón los acepta sin complejos, dado que él conoce el valor simbólico y sabe lo útiles que son en sus trabajos, creando la atmósfera tan particular de un Taller masónico, asegurando de esta manera la buena marcha de los trabajos.

Por pintoresca o pasadas de moda que puedan parecer estas ceremonias a los ojos de los profanos, ellas son para los Francmasones tanto más emocionantes en la medida que ellas representan la marca más auténtica de la originalidad y de la universalidad de la Orden. Efectivamente, más allá del lugar geográfico, de las opiniones sustentadas, de la lengua en que se comuniquen y de la originalidad de los Talleres, el elemento común a todos los Francmasones del universo es su metodología simbólica de trabajo representada por el Ritual y la decoración de sus Logias.

EN LOGIA

“Un Francmasón libre en una Logia libre”, es uno de los principios más caros de la Francmasonería. Del Francmasón y de su libertad ya hemos hablado. En cuanto a la Logia, es la célula de base de la Orden. Célula autónoma, la Logia agrupa a un cierto número de Hermanos y Hermanas y la diversidad de sus orígenes de hecho la hacen una especie de sociedad a escala reducida. Bajo la presidencia de su Venerable, asistido de sus Oficiantes, y según un ritual a la vez preciso y liberal, el Taller estudia las cuestiones puestas en su orden del día: problemas filosóficos, morales, sociales o históricos que se ha convenido en abordar. Las discusiones son corteses y amigables, y cada uno es libre de expresar y defender sus puntos de vista. Las Logias se comunican entre ellas a través de circulares, organizando Tenidas (es decir, reuniones) colectivas, o a través de las visitas que miembros o dignatarios de las mismas se realizan. De hecho, hay una intensa vida masónica, y los intercambios son fecundos, en riqueza y diversidad.

Este método de trabajo en común, permite a hombres y mujeres de ideales filosóficos o políticos diferentes, pero todos “libres y leales”, determinar soluciones reconocidas válidas por todos, a los diversos problemas expuestos. Este método es muy eficaz, y la propia “longevidad” de la Francmasonería, y su reconocida eficacia, podría ser una prueba de ello. Por eso no hay que asombrarse de ver hoy día esta metodología, usada por numerosos “grupos de estudio” y “seminarios”, los cuales debido a las dificultades de gestión de las empresas o a la complejidad de los problemas sociales, económicos o políticos, multiplican su presencia en nuestra sociedad moderna.

Ese pequeño grupo de hombres y de mujeres libres, de profesiones y de culturas diferentes, fraternalmente unidos por sus ideales comunes y por el hábito de reuniones periódicas, no tiene equivalente en el mundo profano.

LA OBEDIENCIA

Democráticamente elegido por la Gran Asamblea (poder legislativo conformado por delegados de los Logias), el Consejo de la Orden (poder ejecutivo) tiene por funciones de administrar y de representar al Gran Oriente de la Franc-masonería del Uruguay . El designa su presidente que lleva el título de Gran Maestro.

Cada año, la Gran Asamblea somete a estudio de las Logias temas de interés general que son objeto de estudio, de trabajos críticos, de conferencias y discusiones. Cada Logia establece un informe sobre esas cuestiones y luego el conjunto de esos informes es objeto de un informe de síntesis votado por los delegados de las Logias a la Gran Asamblea siguiente. Si cada tema de estudio lleva su tiempo, es un ejemplo completo de reflexión colectiva, que sería bueno ser imitado en el mundo profano para resolver tantos temas societales sujetos a controversias. Esos estudios, luego de haber llevado a multitud de Hermanos y Hermanas a reflexionar sobre ellos, desemboca en conclusiones que prefiguran muchas veces las soluciones adoptadas por el cuerpo social.

MIRANDO HACIA EL FUTURO

La universalidad del ideal masónico, su antigüedad y la solidez de sus estructuras, la fe en la eficacia de sus principios y de sus métodos, no hacen olvidar al Gran Oriente de la Franc-masonería del Uruguay la necesidad de su adaptación progresiva a las rápidas transformaciones que ocurren en el mundo moderno y en particular en nuestro continente.

Las necesidades materiales y espirituales de los hombres de este fin de siglo evolucionan con una rapidez nunca vista. Por propia decisión, le corresponde a la Francmasonería ayudar a satisfacerlas.

Su rol de sociedad de pensamiento, permanece, en el medio de todos los cambios de la sociedad profana, tan indispensable a la actual generación como a aquellas que la han precedido. En un mundo moderno que reduce muchas veces las aspiraciones de los individuos a la fatalidad o a una suerte de conformismo desvalorizante, que tiende a ahogar su personalidad, aunque más no sea regodeandose en su egoísmo, la Logia masónica es un asilo del libre pensamiento y de la reflexión serena.

Frente a la tendencia creciente de la sociedad a especializar las actividades profesionales, la Logia es uno de los raros lugares donde “hombres y mujeres libres y de buenas costumbres” pueden continuar a confrontar sus experiencias diversas y reencontrar las preocupaciones espirituales y morales que la vida profana los lleva a descuidar.

El Gran Oriente de la Franc-masonería del Uruguay , en el silencio laborioso de sus talleres, prosigue ese indispensable esfuerzo de reflexión sobre el hombre y su lugar en la sociedad, sobre los medios de preservar la dignidad del uno asegurando los progresos armónicos de la otra; contribuye a este enorme esfuerzo de imaginación que le es solicitado a los hombres de nuestro tiempo para comprender y dirigir la civilización moderna. Para cumplir esta tarea, la Francmasonería está sin dudas mejor adaptada que muchos otros grupos, menos seguros de ellos mismos, menos independientes también.

La obra del Gran Oriente de la Franc-masonería del Uruguay no está todavía acabada. La construcción del templo ideal, es decir, una Humanidad pacífica, más justa y más fraterna, y una sociedad latinoamericana integrada, tomará aún mucho tiempo. Como sus predecesores, y particularmente nuestros Libertadores, el Francmasón moderno continuará trabajando a construirla.

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