XII GRAN ASAMBLEA – DECLARACIÓN PÚBLICA – ANEXO 2

SÍNTESIS TEMA MASÓNICO

“EN EL COMPROMISO MASONICO, ¿QUE ROL CUMPLE EL PRINCIPIO DE DEJAR FUERA DEL TEMPLO LOS METALES?”

 Desprenderse de la materia o metal, es una forma de expresar el desapego a lo superfluo o frívolo que en otras áreas de actividad son indicadores de nivel social, posición económica, etc. No obstante, vivimos en la tierra, en el plano material y como humanos necesitamos de esta materialidad que nos da estructura y cubre las necesidades profanas y también masónicas.

El metal en el mundo profano, se lo asocia a las armas, armaduras, herramientas de labranza, y con las monedas que nos permiten adquirir bienes o servicios, como también con joyas que adornan objetos o personas.-  En esencia, su posesión, es sinónimo de riqueza, de poder, y generando por ello mismo, un punto de discriminación, lo que denota una carga simbólica en el termino metal.-

Los metales se caracterizan por su capacidad de resistencia y es muy difícil despojarse de ellos, porque están incorporados en nuestro ser y depende de nosotros mismos encontrar el equilibrio entre nuestro espíritu y nuestra mente; pero, debemos vencer este obstáculo que nos impide progresar en nuestro trabajo masónico.

En algunas oportunidades los metales pueden llegar a tener tal fuerza que desplacen el sentir de lo masónico, eso dependerá del poder del metal que esté en juego y la capacidad individual que vamos adquiriendo en este aprendizaje para desviar ese poder y alejarlo totalmente. Para ello debe haber un ejercicio cotidiano, una introspección verdadera y a conciencia de lo que queremos lograr interiormente, que debe estar en comunión con los valores de la Institución Masónica. De esta forma es posible atacar los metales ahí cuando aparecen para contrariar o empujar con su presencia, hacia lugares diferentes que en ese momento no queremos transitar.

Dejar fuera los metales, no hace mención al metal en sentido material. Dentro del Templo entonces, están presente con fines específicos en los candelabros que sostienen las luces, en las espadas, en las medallas para el Saco de Sacrificio y en las herramientas.

Lo que si dejamos fuera, es el metal simbólicamente pesado y duro.

A veces los metales que ingresamos al Templo son más sutiles, más difíciles de identificar como las pasiones, los prejuicios,  los vicios, las riquezas, el poder, la formación académica, lo laboral; son objetos del mundo profano que nos adornan, caracterizan, nos definen; son distracciones, ataduras que limitan e impiden nuestro progreso.

Sin embargo, desde el punto de vista esotérico, debemos recordar que buscamos en nosotros mismos la Piedra Filosofal  que representa al hombre transformado por la transmutación mítica y en esa esfera el oro simboliza la pureza del alma y el espíritu metamorfoseado. La transmutación del plomo en oro es la elevación del hombre hacia la belleza, la verdad, el bien y el alumbramiento de nuestro ser auténtico.

Por tanto la materia de la Gran Obra que permite la transmutación, es el hombre en sí mismo.-

La iniciación, es un evento simbólico importantísimo, que da fin a nuestra vida profana y nacimiento de un nuevo ser, despojado de sus dogmas que lo esclavizan y de sus creencias y prejuicios. Pero esto no resulta un acto instantáneo, sino que es un proceso en el tiempo, que debemos trabajar. Forma parte del mismo proceso que demanda, no sólo entender la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, sino practicarla en el ámbito del Taller.

Cuando ingresamos como Aprendices, podemos entender profanamente los conceptos de nuestro tríptico, pero aún nos encontramos lejos de su ejercicio, de su incorporación cotidiana. Incorporar el concepto para practicarlo en colectivo, demandará a cada H\su propio tiempo.

Con el despojo de los metales, corremos el velo mundanal profano para llegar a la verdad, al dejar fuera los metales, lo que está ingresando al Templo, en forma íntegra es nuestro ser.

En el Templo no tenemos títulos profanos, ni propiedades, ni opulencias, no somos ni ricos ni pobres, ni sabios ni analfabetos, somos Hermanos, albañiles que nos vamos construyendo diariamente. El propio ritual permite que se valoren otros atributos, propios de la Institución, como ser el conocimiento y la cultura masónica.-  Al transitar este nuevo camino, no nos quedaremos sin metales, simplemente toman otro sentido, nuestra consideración sobre ellos cambia fundamentalmente, por ello es que identificamos a nuestros HH.•. como construidos “del más puro metal”.-

Trabajaremos de guantes, para que nuestras manos no denuncien lo que hacemos en nuestra vida profana, nos despojamos de nuestros logros y de nuestros fracasos, dejando fuera del Templo, pensamientos o preocupaciones profanas.

El principio de dejar fuera del templo los metales, cumple un rol fundamental puesto que proporciona una estructura natural para crear orden y equilibrio.

El orden y equilibro necesario para que la razón y el corazón funcionen juntos para cumplir con el compromiso contraído de manera justa, fraternal y responsable.

Esto comienza en pasos perdidos, si allí logramos mantenernos en silencio introduciéndonos dentro de nosotros mismos y tomando conciencia que al entrar al Templo, debemos hacerlo en forma pura, sin riquezas y sin pasiones humanas, llegaremos a sentir el egrégor, sentiremos el espíritu fraterno que nos une.

El compromiso debe ser tal, que a la hora de ingresar al Templo, debemos tener naturalmente una disposición mental y emocional coincidente en el sentido de ligar alma y cuerpo con los principios más puros que permitan el despojo de la investidura que nos exige el mundo profano.

Dejar de lado los metales al ingresar al Templo no es entonces un simple simbolismo, sino que es una compromiso moral para que todos los trabajos puedan transcurrir de forma apropiada, en el marco del respeto y la tolerancia y en ese clima de amor, respeto y Fraternidad, lograremos que valga la pena asistir a cada Tenida, haciéndolas un refugio de Igualdad, Tolerancia, Amor y manantial de Sabiduría para nuestro propio crecimiento y así, con esta enseñanza presente, pulir cada día un poco más nuestra piedra bruta.

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