XIV Gran Asamblea del GOFMU – Anexo II

INFORME DE SINTESIS DEL TEMA MASONICO

Aprobada en la Sesión Plenaria del 17 de diciembre de 2011

 

“LA MASONERÍA: ¿Escuela de vida, centro de poder o artificio teatral? ¿Qué significa hoy el compromiso y el ritual?”

Las tres definiciones son posibles de apreciar en la masonería de hoy. Lo que debemos siempre tener en claro es que emprendemos un camino individual, y en ese contexto cada uno lo toma y lo vive de una manera diferente. Es un centro de poder, de poder actuar, crear, crecer, y por ende transponer los valores aprendidos, si tenemos en cuenta que información y conocimiento también es poder.

Creemos que el ingreso a esta institución abre las puertas a una verdadera escuela de vida en la cual vamos aprendiendo a dominar el ego por el bien de una causa mayor. Nos comprometemos con un ideal y nos respetamos no sólo entre nosotros como verdaderos hermanos sino dentro de la sociedad en el rol que ocupamos, siempre con total libertad de pensamiento.

Cuando trabajamos en el Taller la pura actuación del ritual se podría asemejar a un simple artificio teatral, si no tomáramos en cuenta el contenido, que es el verdadero espíritu de esa actuación.

Ser masón, es ante todo un compromiso con uno mismo, con el resto de los Hermanos y con el resto de la humanidad. Desde que afirmamos que el rito se expresa a través de un lenguaje simbólico, es evidente que influye directa y paulatinamente en el crecimiento personal del masón.


DESARROLLO DEL TEMA

Si tomamos el vocablo “Escuela” en el entendido de que es un lugar donde existe un sujeto activo, “el maestro” y un sujeto pasivo, “el alumno“; un educador, un educando y un material de enseñanza, la Masonería no sería una escuela, puesto que en ella todos somos sujetos activos, la Masonería nos muestra un camino, permitiéndole al que lo elige trasmutar del “Yo” al “Ser“. Como señala la divisa de Janus: “Yo no enseño, yo despierto…” y deberíamos agregar: “yo despierto un interés, yo corro el velo“.

Desde ese punto de vista, sí podríamos decir que es una escuela de vida, porque es donde se enseña a pensar libremente, alejándose de todo dogma y en pleno ejercicio de la libertad, en la búsqueda del perfeccionamiento del hombre y la construcción de la humanidad, donde se aprecia un doble objetivo íntimamente ligado: el desarrollo del individuo y el desarrollo de la humanidad.

Sin embargo, a la Masonería no se entra, sino que la Masonería “entra” en nosotros, se apropia de nosotros, nos enseña, nos cambia, nos transforma, nos rectifica, nos hace crecer, avanzar, perfeccionar, modificar nuestras vidas.

Debemos desprejuiciar lo que la sociedad ha inculcado en el mundo profano, de que tener poder es sinónimo de ser malo y no tenerlo, es ser bueno. Ser bueno o malo no tiene nada que ver con tener poder.

El conocimiento de nosotros mismos y del mundo en que vivimos aumentará nuestro poder personal. El poder del que se habla en ese mundo profano no es más que nuestro empeño de cambiar todas aquellas cosas que a nuestro parecer son injustas y no condicen con los derechos que cada persona debería poseer. El fortalecimiento de dicho poder es simplemente el hecho de provenir del colectivo, de ese grupo de hombres y mujeres en la búsqueda de una sociedad más justa e igualitaria.

Sin duda la Masonería ha ejercido influencia en la Historia de la Humanidad; su legado es abundante; el accionar de la Masonería no es más que el accionar conjunto de sus miembros, cada uno de ellos en la esfera en la que se mueve.

Entonces, podemos pensar en nuestra Institución como centro de poder, ya que busca por medio de sus miembros proyectarse fuera del Taller impartiendo ideales y valores para enriquecer el espíritu colectivo, el poder de las ideas para el desarrollo de la humanidad, de un trabajo responsable y respetuoso de la vida, de la conciencia individual y de la humanidad. Y esta idea se fortalece, ya que afirmamos que uno de los fines preponderantes de la Masonería es el respeto, la búsqueda y el amor al conocimiento; siendo el trabajo y el conocimiento un importantísimo centro de poder.

Ante los ojos y oídos de cualquier ser humano la masonería podría aparecer como un artificio teatral. Creemos que esto es algo indiscutible. Como también es indiscutible que un libro es un montón de papel y tinta, o que una moderna computadora es un objeto de metal y plástico. Quienes se ponen a razonar saben perfectamente la utilidad de un PC o de los tesoros que albergan los libros.

Del mismo modo sucede con el esoterismo masónico. Debemos recordar, que en épocas pasadas, muchas tradiciones debían mantenerse a través de la trasmisión oral entre sucesivas generaciones. El trabajo ritualístico podría asemejarse a un simple artificio teatral, si no tomáramos en cuenta el contenido, que es el verdadero espíritu de esa actuación.

Un ritual es un drama simbólico; muestra una representación reflejada en las ceremonias, vivida y sobretodo sentida de diferentes maneras. El ritual y el símbolo son la forma de representar ese artificio, entendido como creación. Somos un artificio teatral si asumimos que el teatro y el ritual son parte de un todo, que algunos han llamado practicas preformativas, que tienen la característica de ser realizadas en forma colectiva, regidas por una serie de reglas, ejercidas en forma repetitiva y que tienen un valor simbólico para los ejecutantes y observadores. Podemos pensar entonces, que teatro y ritual no están a simple vista separados en espacio y tiempo, y que todos somos actores y espectadores a la vez.

Dicha representación sigue un hilo conductor que induce al que lo sigue, a pasar de un ritmo que es el de la vida profana a un ritmo más estabilizado, que permite encontrarnos con los aspectos espirituales de nuestra personalidad. El ritual, nos induce a descubrir el potencial emocional que llevamos dentro y nos permite lograr un aprendizaje a partir del trabajo asiduo en el Taller.

Todo iniciado adquiere un compromiso. Compromiso que debemos estar dispuestos a cumplir. Es un camino de derechos y obligaciones, y sólo aquellos que realmente lo hagan, permitirán que ingrese la sabiduría Masónica en cada una de sus vidas para actuar en beneficio de la comunidad. Comprometerse significa obligación e identificación. Cuando nos sentimos identificados con nuestros compromisos, las tareas a encarar resultarán placenteras y motivadoras, estimulando la creatividad y lográndose resultados superiores a los esperados.

En síntesis podemos decir que la masonería es una escuela de hombres y mujeres, una escuela de moral y de virtud cuyo fin es hacer de estos buenos y mejores individuos, no es una institución de mutuo socorro, ni un centro de poder político ni económico. La Francmasonería está compuesta de librepensadores que defienden la libertad de conciencia individual y en la sociedad, la igualdad de género, los valores democráticos y republicanos, sin discriminar – entre otros – por credos, orientaciones políticas, etc., basada en los principios de la laicidad.

Es así que por medio del Ritual logramos comprometernos con la Masonería, para que ésta transite por nosotros como una escuela de vida, en la cual cada masón deberá aprender a ser su propio maestro, perfeccionándose a sí mismo, encontrando el poder de descubrir su propio camino.

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Gran Oriente de la Franc-Masonería del Uruguay – GOFMU

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