XV Gran Asamblea del GOFMU – Anexo II

INFORME DE SINTESIS DEL TEMA MASÓNICO

Aprobado en la Sesión Plenaria del 15 de diciembre de 2012

“El sujeto y el objeto. ¿Puede el Símbolo analizar al Masón?
¿Cómo nos interpelan los símbolos?”

 

Según afirmaba Aristóteles: “no se piensa sin imágenes, es común afirmar que una imagen vale más que mil palabras”.

Con la intención de no caer en reiterativas definiciones de diccionario, intentaremos analizar en primera instancia el Sujeto y el Objeto desde un punto de vista etimológico y si se quiere profundizando aún más, desde un plano ontológico.  Por lo tanto más allá de definiciones académicas podemos decir que la palabra SUJETO, proviene del latín “subiectus” (poner debajo), y que en definitiva nos pone frente al concepto: “someter”. Desde un punto de vista filosófico este concepto hace referencia a un ser que es “actor de sus actos” en el sentido de que su comportamiento aporta un plus de originalidad que responde a lo que solemos entender por decisión o voluntad.

Por otra parte la palabra OBJETO, “objectus”, cosa que se arroja delante, es definida como cualquier cosa material, finalidad, materia y sujeto de una ciencia, o también lo que posee carácter material e inanimado.

El Objeto, (Símbolo) como un elemento inanimado siempre es pasivo, no tiene iniciativa, no tiene consciencia por sí mismo. El Sujeto es el elemento que en el acto de conocer el Objeto lo procesa, lo interpreta y genera un juicio.

En cambio desde la perspectiva ontológica, el concepto “Sujeto” es un “Objeto-Sujeto” dado que según el pensamiento actual es todo aquello que puede ser pasible de un juicio. En tal caso el “Objeto- Sujeto” puede ser además un individuo, cualquier realidad clasificada: un ente real, un ente ideal, un ente de la metafísica, un valor axiológico, que se convierte así en un símbolo. Cabe destacar que en esta relación existe un espacio de aprendizaje, una experiencia maravillosa, un redescubrir resaltando el límite entre lo exterior y lo interior.

De esta sinergia que se forma de la relación entre ambos, va a surgir algo mucho más complejo que la suma simple de dos conceptos, su resultado va a ser la presencia del símbolo con todos los estímulos que éste va a expandir. Tiene el mérito de establecer la comunicación de nuestros actos conscientes con nuestras marcas inconscientes.

En definitiva:  La relación sujeto – objeto, es una relación de conocimiento, es una correlación en la que no hay sujeto sin objeto, ni objeto sin sujeto, porque fuera de esta relación de conocimiento, no existe el objeto en sí, ni el sujeto en sí.

En la medida que internalicemos el símbolo como parte integrante del método de enseñanza masónica, éste constituye el objeto que tiene la sabiduría de mostrar el camino que recorre el masón, la que se va recogiendo en cada símbolo. A diferencia con otros métodos de transmisión didáctica, la simbólica nos conduce por el camino de la libertad, a través de la auto-construcción del pensamiento, el cual surge en libertad, ajeno de imposiciones. Es el símbolo que nos da la posibilidad del análisis y la conclusión libres.

Un símbolo es la representación perceptible de una idea, los símbolos son pictografías con significado propio, un modo de expresar el pensamiento

El Símbolo fue el elemento principal del método más antiguo de transmitir una idea, no solamente se le empleó en las sociedades primitivas sino que seguirá empleándosele porque excede al idioma, lo traspasa, lo trasciende y además es comprensible para todos. Y en este orden de cosas podemos decir que los símbolos (más aún en Masonería) son instrumentos tangibles o sensibles en los que a lo largo de la historia se ha depositado tanto un significado e interpretación formal como uno personal.

En el significado que denominaríamos formal, estaría encerrado (por así decirlo) el conocimiento mismo, es decir, que mediante el estudio de los mismos,  el masón va asimilando y logrando una comprensión de la verdad, la ciencia, la sociedad, el arte y el conocimiento en general. El símbolo le posibilita una interpretación de la realidad diferente al que por convención está acostumbrado.  Esto surge del significado personal que es posible darle, en el cual estaría el camino e interpretación que cada uno quiera darle o que en forma totalmente personal e individual le atribuye luego de reflexionar una y otra vez.

Quizás consideremos que el Masón puede analizar al símbolo, pero no lo contrario que el símbolo lo analice al Masón, como lo expresa el título de este trabajo, ya que en este proceso iniciático lo que no debe atarnos son justamente los dogmatismos, el dar las cosas como verdades absolutas sin antes pasar por un proceso de estudio y razonamiento del mismo.

Y decimos que es el Masón quien analiza al símbolo, porque para efectuar un análisis se requiere del sujeto “persona”, quien con sus capacidades pueda llevar a cabo el proceso de estudio y análisis, y con ello llegar a una representación del mismo, y llegado el caso específico puede incluso analizarse a sí mismo. En este sentido el símbolo, genéricamente hablando, no puede analizar al Masón, si bien es una herramienta fundamental para la realización del análisis y sobre todo de su autoanálisis, quien permanentemente está a la búsqueda de respuestas, a la búsqueda de su verdad, es el propio individuo que hace la interpelación poniendo en objeto el concepto de interpelación.

El Q:.H:. Antonio Machado expresaba: “sus ojos en el espejo son ojos ciegos que miran los ojos con que los veo“; es decir el objeto no es el espejo, no me puede analizar, el tema en sí está en reconocer que el objeto está fuera de nosotros mismos, es una dicotomía.

En definitiva, el tema radica en que el principal símbolo del masón es su propio interior, su propio ser para renacer y lograr el verdadero ser que deseamos alcanzar. Gracias a ese “propio interior” podremos lograr ser libres y por ende destacarnos por nuestro espíritu con un marcado sentido crítico quedando en este acto manifestada nuestra propia impronta.

Desde otro punto de vista el símbolo no tiene un carácter estático sino variable en el tiempo y en el espacio. “AQUÍ TODO ES SIMBOLO” se lee en alguna parte. Esta frase encierra una relación de igualdad entre los símbolos presentes en el Templo y los QQ:. HH:. y HHnas:., ya que también son símbolos, pues la frase los incluye. El masón formando y moderando su personalidad, influirá en su entorno, redescubriendo el significado del símbolo, actualizándolo y contraponiéndolo con su conducta y su accionar para con sus HH:. y en la vida profana.

Ese símbolo es entonces la definitiva conexión, el nexo entre lo espiritual y lo material, dándonos la oportunidad de la libre interpretación y elucidación y también, el desarrollo de las emociones y de las sensaciones. Por su parte esos símbolos no suelen presentarse aislados, sino que estarán relacionados a otros dando lugar a composiciones alegóricas exactas y muy variadas, que inevitablemente se desarrollan en el tiempo y en el espacio.

Un símbolo no interpretado es una cáscara vacía, interesante, pero vacía. En definitiva, el tema radica en que el principal símbolo del masón es su propio interior, su propio ser para renacer y lograr el verdadero ser que deseamos alcanzar.

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