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Tema Masónico : "VIGENCIA DE LA PROMESA DEL PRIMER GRADO"
Extractamos de la Síntesis final:
En el camino iniciático la Promesa tiene un Rol trascendente y permanente.
La Promesa que realizamos al momento de nuestra Iniciación Masónica, y que firmamos una vez que nos es dada la Luz, representa nuestro compromiso sincero y libre con nosotros mismos, con la Francmasonería, con nuestros Hermanos y Hermanas y con la Humanidad toda, cuyo Progreso es nuestro objetivo, y hacia el cual debemos abocar nuestros mejores esfuerzos sin aspirar al reposo.
La Promesa de Primer Grado, a partir de su carácter humanista y liberal y de promoción de conciencia ciudadana, es lo que le da - a través de sus miembros - estructura y base a nuestra Institución masónica
Se manifiesta en el compromiso por el honor y la dignidad en el cumplimiento de los Ideales Masónicos, donde se destacan:
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Trabajar con celo, constancia y regularidad a la Obra de la Francmasonería;
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Practicar la ayuda hacia los débiles, la justicia hacia todos; la devoción hacia la familia y la Humanidad, y la dignidad hacia uno mismo;
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La laicidad como actitud; la República y el sistema democrático representativo, con la soberanía popular, como formas irrenunciables e insustituibles de organización política de la sociedad uruguaya;
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La integración latinoamericana y regional, en particular en el MERCOSUR, a partir de la unión de hombres y mujeres, basada en la Fraternidad, la Libertad y la Democracia;
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El respeto a la Constitución del GOFMU y su Reglamento General.
Este es un acto que contraemos a conciencia, asumiendo el compromiso de cumplir fielmente con las promesas realizadas. Su no cumplimiento significaría la amargura de vernos - como en el reflejo de un espejo - viviendo en la ilusión del engaño y la deshonra de nuestra propia palabra. Significaría experimentar los sufrimientos, las penalidades, los desengaños, los sinsabores y los obstáculos con los que irremisiblemente tendríamos que tropezar durante el recorrido por la dificultosa senda de la vida, si no somos capaces de cumplir fielmente los compromisos asumidos, como destino que le está reservado al Individuo ignorante y desleal que no se respeta a sí mismo.
La Promesa que realiza el neófito en la Ceremonia de Iniciación, lejos de ser un mero acto formal, es todo lo contrario, es un nuevo compromiso de vida. Pero es una obligación a cumplir, no sólo en el ámbito masónico dentro del Templo y entre Hermanos, sino que es un signo distintivo para todos los ámbitos de nuestras vidas, donde debemos llevar nuestros principios con lealtad, altura, dedicación y entereza, en el orgullo de la obra iniciática, que no se detiene ni en el tiempo ni en el espacio, abrazando toda circunstancia y lugar. Esta es la esencia de nuestra Promesa, que como obra de dignidad humana no se detiene ante ninguna frontera, ningún prejuicio, ningún dogma. No es suficiente con ser buenos masones en nuestras Tenidas, lo realmente importante y tal vez lo más difícil, es estar acorde a nuestros ideales, todo el tiempo, a pesar de las inclemencias del mundo profano, y sobre todo a causa de ellas.
No debemos olvidar que un aspecto sustancial de la Promesa tiene que ver con el compromiso de vivir en dignidad con uno mismo. No hay otra institución más libertaria que la Francmasonería, que imponga como condición a sus miembros, no la sumisión a determinados dogmas y comportamientos, sino que promociona el respeto por la Dignidad Humana por sobre todas las cosas y el compromiso para cada uno de sus miembros de vivir con ella. Y es el respeto de la dignidad, que promociona al Ser Humano en toda su capacidad y desarrollo, lo que nos hace cumplir en todo momento con los compromisos asumidos. Es esta enorme responsabilidad la que libera al individuo de sus ataduras profanas, o la que se transforma en un peso insoportable para aquellos seres débiles, que solo pueden vivir bajo el yugo de la ignorancia y la opresión.
El cierre de nuestras Tenidas nos recuerda la vigencia y el compromiso de la Promesa como afirmación y ratificación de la misma; allí dice el Venerable Maestro: "Nuestros trabajos simbólicos han terminado, nuestro verdadero trabajo recién comienza; hagamos brillar en el mundo profano las luces que iluminan nuestro Templo". Esto significa recordar que la Promesa está vigente; que es un imperativo iniciático mantenerla con fuerza y vigor en la continuación de nuestra Obra, así como jamás decaer en el esfuerzo, en la convicción de que nuestro trabajo siempre estará inconcluso. Es esta convicción la que hace de los masones verdaderos agentes de transformación, tanto en el plano individual, mejorando como persona, como en el plano social, haciendo progresar la sociedad en un sentido de mayor justicia, mayor igualdad y mejor comprensión y respeto entre todos, lo que conforma la solidaridad.
Estas responsabilidades que conllevan nuestra adhesión a los principios, valores y práctica masónica, que se hacen implícitos al momento de nuestra firma de la Promesa, nos indican con claridad meridiana que no se es Masón a medio tiempo.
En cada circunstancia, con cada persona que trate, aunque sea casualmente, en cada grupo que integre, aunque sea informalmente, en cada Institución de la que forme parte, en sus actividades laborales y/o sociales, así como en su vida familiar, el Masón debe siempre hacer honor y tener conciencia de su condición masónica, y aplicar en todas las situaciones los principios con los que se comprometió. Todos y cada uno de nuestros Hermanos y Hermanas son espejos que reflejan nuestras tradiciones, nuestros principios y valores y nuestras esperanzas de renovación constante de la vida y de la sociedad. Es a través de ellos que nuestra Institución se prolonga, y puede desplegar su sana influencia civilizatoria.
Cada Hermano y/o Hermana Francmasón debe ser una persona responsable con sus espacios y su tiempo, debe ser un agente activo de la Gran Obra. Quien piensa y actúa creyendo que se es francmasón solamente entre sus Hermanos y Hermanas, y en los estrechos tiempos en los que se interactúa conjuntamente, tiene una visión limitada e incompleta de la Obra, y debilidad en sus convicciones, dado que moralmente no ha comprendido en toda su integridad nuestros compromisos con la Humanidad.
No es la firma lo que nos compromete, ella es externa y formal; lo que verdaderamente nos compromete es nuestra conciencia moral.
Trabajemos con dedicación, con honestidad, tolerancia, fraternidad; valores que debemos alimentar diariamente a fin poner en marcha lo que tan altruistamente prometimos, y ser así verdaderamente fieles a los principios que atesoramos y que son imprescindibles para la evolución de toda la Humanidad.
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