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Anexo 4 - X GRAN ASAMBLEA DEL G.·.O.·.F.·.M.·.U.·. Convertir en PDF Version imprimable Suggérer par mail

Síntesis Tema Laicidad:  "LOS PRINCIPIOS LAICOS EN LA EDUCACIÓN URUGUAYA DE HOY: EDUCACIÓN SEXUAL E IGUALDAD DE GÉNERO"

Extractamos de la Síntesis final:

Hoy se le otorga a la Laicidad una dimensión ética, sustentada en la idea de que los Estados y sus Instituciones, deben ser actores y guardianes de las garantías de independencia de las conciencias individuales y colectivas.

Representa un marco de relación en que los ciudadanos y ciudadanas pueden entenderse desde la diversidad pero en igualdad, y ello es garantía de respeto al semejante, de la pluralidad, y por lo tanto es un factor de democracia y de facilitación y estímulo a la participación.

Laicidad en su más pura esencia es Tolerancia, y con esto nos referimos al sustento de la Libertad de Pensamiento tanto individual como colectiva. Por lo tanto, entendemos que la laicidad es el fundamento de una educación libre de dogmas, científica y universal, dotada de valores éticos comunes a todos. El concepto de laicidad no es estático sino dinámico, ha sufrido de interpretaciones a través de la historia y de acuerdo con los distintos espacios ideológicos y sociales. Por su misma naturaleza despierta múltiples reacciones, incluso intentando subvertir su propia conceptualizad.

Sin embargo, la laicidad no teme a lo heterogéneo; al contrario, está en las raíces mismas de su definición la Tolerancia a las diversas expresiones, incluidas aquellas mismas que la combaten, constituyéndose esto en una clave de su fortaleza, dado que su combate contra la intolerancia se realiza desde el campo de la tolerancia, la libertad de expresión y pensamiento y la libertad de crítica.

Por ello, es un componente fundamental de un enramado que consolida el sistema político-democrático, donde se expresa el pluralismo social, político e ideológico. No significa prescindencia o neutralidad, sino que laicidad significa una actitud activa en la defensa y propagación de sus valores.

En nuestro país, la laicidad forma parte de nuestra identidad como sociedad, y es un componente de nuestras mejores tradiciones nacionales. Principalmente en la educación, donde desde hace más de un siglo, la educación pública se ha regido por los principios de laicidad, gratuidad y obligatoriedad.

Sin embargo, la laicidad es amenazada cuando no se permite la apertura del espíritu crítico fundamental y necesario para que los educandos se desarrollen libremente. Periódicamente es necesario reafirmar este principio, cuando no se hace lo necesario para ello, o no se enfocan desde una perspectiva laica las nuevas problemáticas de sociedad. Recordemos al respecto que la reforma Vareliana tenía como finalidad la de formar ciudadanos, por lo que necesitaba hacer del Uruguay un país donde la alfabetización fuera moneda corriente para fomentar la información y la formación de una cultura de la ciudadanía. Esto significa que el Uruguay es lo que es por el rol destacado que ha jugado la Educación en la formación ciudadana, y por el convencimiento de que el crecimiento de los pueblos solo es posible a través de este camino.

Por ello el rol de la educación debe ser el de capacitar a todas las personas para participar efectivamente en la construcción y consolidación de una sociedad libre, favoreciendo la comprensión y la tolerancia entre todos los ciudadanos  independientemente de su pertenencia social, étnica, ideológica,  política o de creencias.

En este marco, ¿cómo podemos conjugar Laicidad con el desarrollo de la Educación Sexual y el fomento de la igualdad de género?

La educación sexual debe tratar de impartir una formación progresiva y adecuada de lo que es la sexualidad humana tanto en el plano de lo biológico como en lo afectivo-social. Debe perseguir la realización de la sexualidad plena y madura que permita al individuo una comunión con el otro sexo dentro de un contexto de responsabilidad.

Los principales obstáculos a la Educación Sexual, están en aquellos sectores sociales que presentan aristas aún muy conservadoras y que son reacios a salirse de los esquemas dogmáticos, sea por tradición, ideología o religión.

Pero también se ha notado una gran falta de compromiso entre muchos de los que dirigen los  organismos de la Educación, así como entre el personal del sistema político, pues entienden que el comprometerse con un tema tan sensible para la sociedad, probablemente haría perder popularidad y tal vez adeptos a sus organizaciones políticas o al gobierno de turno. Por esta razón, muchas veces se ha optado por "dejar para más tarde para no irritar al electorado", el fomentar la educación sexual y su efectiva implantación en el sistema educativo.

El derecho a la educación sexual debe ser considerado como un aspecto más dentro del andamiaje educativo nacional, el cual está consagrado como un derecho constitucional en nuestro país, es decir, regido por el concepto de laicidad, por lo que se debería respetar la necesidad y oportunidad de su enseñanza por encima de los prejuicios dogmáticos o religiosos, y/o las urgencias político-electorales.

Lo que conlleva, asimismo, una educación para la tolerancia con la diversidad en el respeto por una sociedad integrada, es decir, combatiendo la discriminación en todos sus aspectos, incluido aquella por opción sexual.

En este esquema, el sistema educativo debe jugar un papel central proactivo. Por un lado con la formación de docentes consustanciados con el significado profundamente ético de la educación sexual; y por otro lado, posibilitando la generación de espacios que habiliten a docentes y educandos al ejercicio de una reflexión crítica, acorde con la edad, enfocado a favorecer el crecimiento personal autónomo en estrecha relación con la vida afectiva, emocional y familiar. Este proceso debería realizarse a lo largo de todo el trayecto educativo.

Un aspecto no menor es el de educar para promocionar la Igualdad entre las Personas. Igualdad en los conocimientos, pero también igualdad frente a la vida.

La concepción de igualdad entre las personas, sin importar el género o sus opciones particulares de vida,  no debe ser un mero enunciado, sino que debe tomar cuerpo real como un todo inserto en la conciencia ciudadana. La educación tiene un rol fundamental a jugar, de manera que las futuras generaciones valoren mejor a las personas por encima de su diversidad. Pero, no debemos dejar de lado el hoy, haciendo que estos valores se fomenten socialmente y que la legislación social y laboral se aplique consecuentemente.

Al tiempo de saludar los esfuerzos que van en ese buen sentido, tanto en lo referente a educación sexual como al fomento de la igualdad de género y más generalmente contra toda discriminación, esfuerzos provenientes tanto desde la esfera pública como desde las sociedad civil, también señalamos que tenemos nuestro compromiso en tanto que Francmasones.

El GOFMU ha promovido por primera vez de manera consecuente y en profundidad en la historia uruguaya, una masonería abierta a hombres y mujeres en igualdad de condiciones, y se ha destacado por promover sus ideales liberales y adogmáticos, fomentando el librepensamiento, el libre examen y la libre crítica. Desde esta perspectiva los principios de laicidad son básicos e irrenunciables. En tanto que  ciudadanos insertos en nuestra sociedad de manera activa y positiva, consideramos que es nuestro rol de conciencia ciudadana el mantenernos atentos en todos los medios y espacios, de manera de ejercer una atenta observación y ser una fuerza propositiva para que estas necesidades sociales puedan ser debidamente satisfechas, y/o exigir a quienes competa, su cumplimiento. De esta manera estaríamos siendo consecuentes con nuestros caros ideales de Libertad, Igualdad, Fraternidad y Libertad Absoluta de Conciencia, las divisas de la Francmasonería moderna.