Revista POSDATA N° 259, viernes 17 de setiembre de 1999

HABLA EL GRAN MAESTRO
La Masonería más nueva
corre el velo
aceptan mujeres
 

 
Como se sabe, en Uruguay existen organizaciones masónicas desde la primera mitad del siglo XIX. Sus actividades están profundamente vinculadas a los hechos históricos del país. Así, por ejemplo, Rivera y Oribe – fundadores de las colectividades históricas – eran masones. No lo fueron, sin embargo, Batlle y Herrera. Desde las invasiones ingleses – una decisión masónica alentada por el venezolano Francisco Miranda para quebrar el monopolio borbónico en Hispanoamérica - , pasando por la Cisplatina (Lecor era masón), hasta la redemocratización de 1942, muchos episodios de nuestra historia sólo se entiende a la luz de la influencia masónica. La organización nacida en el siglo pasado se conoce como la Gran Logia de la Masonería del Uruguay. Con miembros disidentes de ella se formó no hace muchos años la organización Gran Oriente del Uruguay. Recientemente se creó el nucleamiento Gran Oriente de la Francmasonería Mixta Universal. Así, pues, hoy conviven tres corrientes masónicas en el país, las que nuclean cada una y en su conjunto numerosísimos talleres o logias.
 
Una de estas organizaciones ha resuelto hablar.
 
Después de una década de trabajo el 10 de diciembre 1998, un numeroso grupo de "maestros masones", realizaron la que fue la Asamblea Fundacionaldel Gran Oriente de la Francmasonería Mixta Universal.
 
En esa fecha simbólica para los francmasones del mundo - pues se conmemoró el 50 aniversario de la "Declaración Universal de los Derechos Humanos" por parte de las Naciones Unidas - los Francmasones del GOFMU aprobaron sus Estatutos (Constitución y Reglamentos), y eligieron sus autoridades.
 
El 28 de junio del presente año - "muy simbólico" nos señaló su Gran Maestro Elbio Laxalte Terra (49 años – licenciado en economía), pues se dio en "un entorno importante para la tradición masónica, como es el momento del solsticio de invierno, donde se festeja el fin de la oscuridad y el paulatino avance de la luz" - el Poder Ejecutivo de nuestro país reconoció sus Estatutos y otorgó la Personería Jurídica a la primera institución masónica legal que integra a hombres y mujeres en paridad, cosa que no hacen las otras dos organizaciones existentes en nuestro país que tienen solamente caracter masculinas.
 
Lo que sigue es parte de la conversación desarrollada con el Gran Maestro de la  Francmasonería Mixta, Lic. Elbio Laxalte Terra.

 

En junio pasado la Institución francmasónica que usted representa obtuvo la Personería Jurídica. ¿Cuál es el significado de ese hecho?

La Francmasonería se ha considerado históricamente como la “conciencia de la república”. En este sentido, obtener de las instituciones republicanas el reconocimiento legal, forma parte de la necesaria integración que los Francmasones deseamos con la sociedad de nuestro país y el respeto de sus leyes. Contrariamente a lo que muchos piensan, las actividades masónicas no son secretas ni ilegales. Por el contrario, nos interesa todo lo que sucede en nuestra sociedad, formamos parte de ella, y nuestro destino personal e institucional está atado a su futuro. Los masones por vocación hemos adoptado el rol de ser “constructores de la humanidad”. Necesariamente es una actividad colectiva y fraterna, pues nos sentimos hermanados en esos ideales, en los cuales tienen cabida todos los hombres y mujeres de buena voluntad. La Personería Jurídica que venimos de obtener nos pone igualmente en otra dimensión que me gustaría destacar: en la historia de nuestro país somos la tercera entidad masónica reconocida, luego de la Gran Logia de la Masonería del Uruguay y del Gran Oriente del Uruguay. Pero debo agregar que somos la primera institución masónica en nuestro país que integra entre sus miembros a hombres y mujeres en igualdad de derechos y condiciones. Cosa que no sucede con las dos mencionadas anteriormente, que sólo son masculinas.

¿Qué significado le da a esa expresión que empleó: “conciencia de la república”?

La masonería existe desde antes que existieran repúblicas, aun antes de que existiera la democracia, tal como la vivimos y conocemos modernamente. Estos dos conceptos que hoy están presentes en nuestras vidas cotidianas, han sido desvelos para los masones desde hace siglos, lo que llevó a que muchos de sus integrantes fueran combatientes o mártires de la libertad y la democracia. Podemos recordar que muchos de los protagonistas de las grandes revoluciones liberales europeas o americanas fueron Francmasones. La divisa de la República Francesa desde su revolución de 1789 de Libertad- Igualdad. Fraternidad, ya eran las divisas de la Francmasonería. George Washington fue masón. La mayoría de nuestros libertadores americanos fueron masones, como Bolivar, San Martín, Miranda o Sucre; y tuvo una presencia decisiva en nuestra historia emancipadora y republicana. Es decir, hay un compromiso histórico con la libertad y la democracia. Ser demócrata y adherir a las ideas republicanas es una condición para ingresar en nuestra institución. La dimensión de “conciencia” es una actitud ética: nada de lo que suceda con las ideas y las instituciones republicanas nos es ajeno. En este sentido, temas como la convivencia política y la tolerancia, la moral pública o la corrupción, la perdurabilidad y mejoramiento del sistema democrático representativo de gobierno, son parte de nuestras preocupaciones permanentes.

¿Esto significa que la masonería interviene en política, significa que el poder político la atrae? ¿Intenta dominar el campo político?.¿Es un poder en las sombras?

Es un poder y a la luz del día, pues ¿qué poder más importante y trasparente puede haber que el de la moral?. Como institución le está vedada intervenir en la política partidaria, y la Francmasonería es independiente de todo grupo de presión, sea político, económico, religioso u otros. Pero, la “Politika” en el sentido griego, el interesarnos por el bien común, por lo que sucede a nuestros ciudadanos y por el destino de nuestras instituciones, no nos es ajeno. Si como institución no intervenimos en los asuntos de los partidos, sin embargo invitamos a nuestros miembros a una activa participación en las áreas sociales, y entre ellas en la política. Yo le diría más, la Francmasonería es una escuela de formación ciudadana, pues ella funciona con la activa participación de sus miembros de una manera democrática y republicana, incluso con división de poderes, legislativo, ejecutivo y judicial desde antes de que aparecieran muchas de las repúblicas modernas. Nuestros miembros están en todos los partidos políticos; y en las recientes elecciones internas, muchos de nuestros Hermanos han sido electos convencionales.

¿Pero entonces porqué se la cataloga de sociedad secreta?

En realidad, y ya que lo pregunta, quiero desmentirle lo de sociedad secreta. Dígame, ¿no hay más secretos acerca de cómo funcionan las entidades financieras internacionales, de dónde provienen sus fondos, dónde invierten, quienes son sus verdaderos propietarios? Es un secreto aceptado, pues se dice que es necesario a la marcha de la economía, y que el secreto es una ley empresarial. Pero si ud. va a cualquier librería del centro de Montevideo, encuentra libros y documentos francmasónicos. Las instituciones francmasónicas en nuestro país tienen sus sedes propias, y todas tienen sus reglamentos aprobados por las leyes nacionales. En realidad los Francmasones decimos que somos una sociedad reservada. Dos argumentos al respecto: uno, que lamentablemente la Francmasonería por sus ideas liberales, ha sido perseguida a lo largo de su historia por todos los regímenes totalitarios, sean de derecha o de izquierda. Lo hizo el nazi-fascismo; y lo hizo el comunismo. En nuestra memoria histórica aun está fresco el recuerdo de las tropas falangistas españolas entrando a los pueblos ibéricos y fusilando en la plaza pública a los Francmasones o sospechosos de serlo. En muchos sitios la masonería tuvo que pasar a la clandestinidad, y el secreto era necesario a su supervivencia. Aún hoy en muchas regiones del globo ser Fracmasón comporta riesgos de perder la vida o la libertad. Y también hay prejuicios: hay francmasones que por ese hecho han tenido dificultades laborales. Pero hay aún otro argumento que me gustaría darle, incluso tal vez más importante que el anterior: la reserva es guardiana de la libertad de pensamiento. La Francmasonería es una sociedad de pensamiento, un laboratorio de ideas. Los laboratorios científicos no anuncian sus productos hasta que están bien probados: hasta ese momento sus trabajos son “secretos”. Los masones que trabajamos con ideas sobre la sociedad y el mundo en que vivimos, debemos tener las condiciones para prospectar el futuro. Y esto necesita la mayoria de las veces de la paz necesaria al espíritu para reflexionar. Los debates públicos en este campo sólo traen, competiciones y agitación, diálogo de sordos e incomprensiones. La serenidad para nosotros es un elemento vital de nuestros trabajos. Y condición necesaria a nuestra eficacia. De hecho, muchas de las ideas socialmente aceptadas y legalmente establecidas, han sido previamente estudiadas en los talleres masónicos, prefigurando ese avance social.

Se suele vincular masonería a poder. Para llegar a ser masón hay que estar bien situado? ¿Quiénes pueden ser Francmasones? ¿Hay que cumplir condiciones especiales para ello?.

Si. La condición más dificil en este mundo tan mercantilizado y con valores tan subvertidos: ser buena persona, de moral intachable, que intente honestamente conocerse mejor a sí mismo y desee perfeccionarse, realizarse personalmente, con inquietudes acerca de lo que le sucede a la humanidad y a la sociedad donde vivimos, que tenga capacidad de sensibilizarse con lo que le sucede a los demás y pueda desplegar su capacidad de servicio al prójimo. Si reúne esas condiciones, y acepta el desafío, pues esto implica una cuota de sacrificio también, cualquier ciudadano legalmente mayor puede emprender la hermosa aventura individual y humana de ser Francmasón.

Sin embargo, suele vincularse a la Fracmasonería con un cierto gusto por el ocultismo, lo paranormal y esotérico. ¿No se contradice ese rasgo con la racionalidad del discurso que está exponiendo?

La Francmasonería no tiene nada que ver con esa tendencia tan a la moda hoy en día de gente que intenta posicionarse mejor en el mercado de las oportunidades a partir de la búsqueda de superpoderes, que le permitan dominar a la naturaleza y a los demás, intentando por ese medio resolver sus problemas inmediatos. Esta búsqueda más allá de lo racional – que no compartimos - es en el fondo muy egoísta y ambiciosa, pues se basa en intentar resolver los problemas personales sin tener en cuenta que los destinos individuales, la mayoría de las veces, están estrechamente relacionados con el de la comunidad familiar o social de la cual formamos parte. Eso no está dentro de las perspectivas masónicas. La masonería no es ni una religión ni una secta que pretenda que sus miembros obtengan poderes sobrenaturales de dominio sobre los demás y sobre la naturaleza. Su filosofía es liberal, de respeto absoluto a la libertad de conciencia individual. Su búsqueda de la verdad se hace a través del análisis racional que no impida tampoco el desarrollo de la necesaria emotividad. Nuestra institución cuenta entre sus miembros a creyentes y a ateos, y nos sentimos orgullosos de esa diversidad, que nos da amplias perspectivas acerca de los temas del espíritu. Sí nos definimos como una comunidad iniciática. Esto para los Fracmasones es muy importante. ¿Qué significa iniciática? Que a través de un proceso prolongado en el tiempo, a partir del estudio serio y del honesto conocimiento de sí mismo, cada uno de nuestros integrantes puede mejorar y llegar a ser más útil para sí y para la sociedad. Si mejora el uno, mejora la otra. Por ello la filosofía masónica es resueltamente optimista y progresista, apuesta al cambio, a la trasformación del hombre y de la sociedad. En este sentido, podemos decir que es una escuela de dignidad humana. Por ello nos son útiles tanto los estudios científicos, sociales y culturales, el lenguaje de los símbolos, como los mitos y leyendas del pasado, porque ellos reflejan, las inquietudes de los hombres y las mujeres en cada una de las épocas en que les tocó ser protagonistas. Estudiamos la obra de nuestros hermanos del pasado para entender y posicionarnos mejor en el presente. Estudiamos y actuamos en el presente para preparar mejor el porvenir.

¿ Y cómo preparan el porvenir?

Nuestra institución tiene siglos. Está entonces acostumbrada a pensar en lapsos prolongados. Cuando pensamos en el porvenir, hacemos el ejercicio de analizar también lejos. Lejos significa desatarnos de los lazos inmediatos, que normalmente para cualquiera de nosotros están, a lo más lejos, en la dimensión temporal de nuestros nietos o biznietos. Entonces pensar en el porvenir significa pensar racionalmente – es decir, sobre las bases que nos da la realidad presente - en un horizonte lejano, de muchas generaciones hacia adelante. Este ejercicio intelectual nos permite también mensurar más equilibradamente los problemas del presente, porqué es donde nos toca vivir y actuar. Si unimos el presente con el porvenir, nuestra tarea, pudiendo ser más difícil, sin embargo tiene horizontes más relevantes, en la medida en que, responsablemente, intentamos legar a las generaciones futuras nuestros mejores sueños, esfuerzos y emprendimientos, para que ellos continúen la tarea constructiva a la que estamos hoy abocados.

Usted hablaba de las condiciones democráticas existentes en su institución. ¿No es contradictorio con la existencia de una jerarquía de grados, que según se sabe va del uno hasta el 33, grado este último al que muy pocos llegan?”.

Para nosotros los grados significan sólo una experiencia adquirida. Un catedrático y un estudiante son iguales ante la ley, y no tienen diferencias en derechos y obligaciones en tanto que miembros de la sociedad civil. En la masonería es parecido. Los grados no dan a sus miembros otras prerrogativas que no sean la de la experiencia, antigüedad, responsabilidad y dedicación a la institución. Los grados son etapas del aprendizaje masónico. Felizmente, nuestra institución es uno de los raros lugares – en una sociedad cada vez más segmentada categorialmente - donde gente de diversas posiciones sociales, niveles culturales, edad y profesiones pueden encontrarse en pie de igualdad, aprender unos de otros, y desarrollar una amistad verdadera mutuamente provechosa. En un cierto sentido estamos cumpliendo con lo expuesto por el pensador inglés John Locke , quién en su obra “Carta sobre la Tolerancia ” (1689) preveía la necesidad de un Centro de Unión de todos los seres humanos.

Usted mencionaba la existencia de varias organizaciones masónicas. Si están hermanados en los propósitos, ¿porqué no son una sola institución?.

Habría que definir qué es la masonería y cuál es su unidad esencial. Lo he mencionado antes, pero ahora voy a precisarlo: la masonería es un estado de espíritu, una manera de concebir la vida, la propensión o mejor la invitación que nos hacemos unos a otros de conocernos mejor a nosotros mismos y mejorarnos, para así mejorar a la sociedad donde vivimos y de esa manera a la humanidad toda. Realizarnos plenamente como seres individuales y sociales. No es una religión, ni un partido, ni una ideología; por ello es absolutamente adogmática. Nos une una tradición común, ancestral, pues se remonta a la cultura egipcia. Es decir, estamos hablando de que la masonería es heredera de la mejor tradición de sabiduría que ha dado el oriente próximo y occidente. De los egipcios, de los griegos y romanos, de los judíos, esenios y de los cristianos. Tenemos muchas cosas en común con las escuelas de constructores “comancinos”, con las escuelas de perfección cátaras o albigenses, con las enseñanzas del sufismo musulmán, con ordenes como la de los Caballeros Templarios. La masonería es heredera de esa tradición. Es más, creo que es la única institución que abrazó modernamente este legado del pasado con la Filosofía de las Luces del siglo XVIII. Como escuela de sabiduría occidental, también estudia e incorpora a sus reflexiones elementos de otras sabidurías, orientales o indígenas americanas. Estos son los elementos comunes. Pero esa tradición también tiene sus vertientes nacionales, incluso étnicas y/o culturales: en Estados Unidos, por ejemplo, está la masonería de raíz anglosajona, pero también los afroamericanos tienen sus propias instituciones, así como los latinos. La idiosincracia masónica italiana es diferente a la sueca. Hay que entender que la masonería es como un árbol frondoso. Tiene profundas raíces en la historia, un tronco común y multidud de ramas. Cada entidad masónica lo es porque sigue la tradición, ha recibido por herencia los usos y costumbres, que no se aprenden en libros sino en años de paciente trabajo de trasmisión oral. Y luego los masones se reúnen entre ellos por afinidades de diversos tipos. Hay entidades sólo masculinas, otras sólo femeninas, otras mixtas, como nosotros. Algunas exigen la aceptación de un principio superior, que llaman el Gran Arquitecto del Universo. Otras – es también nuestro caso – donde los temas matafísicos son de dominio exclusivo de la conciencia individual. Las hay con más propensión al estudio y a la reflexión intelectual. Otras están más vinculadas a las actividades filantrópicas. Y otras, al fin, están más inclinadas al accionar social y cívico. Haré una mala comparación - porque esencialmente somos diferentes, el dogma nos es ajeno – pero que puede esclarecer: así como la iglesia católica tiene diferentes órdenes, jesuitas, dominicos, franciscanos, etc. nosotros tenemos también corrientes o tendencias, que hacen más enriquecedor y multicolor el panorama masónico. Pero, más allá de las diversas corrientes u organizaciones, nos sentimos y respetamos todos como Hermanos, y de hecho reina entre nosotros la concordia más fecunda.

¿ No ha habido una crisis de la masonería? ¿Los intelectuales no desertan de sus filas? ¿No ha perdido influencia? ¿No estallan rivalidades internas?

¿Qué es una crisis?. Los griegos la definían como una mutación, un cambio. Entonces en general, las crisis no son malas cosas, si se tiene la actitud mental y espiritual para entenderlas, compreder su sentido, darles una orientación. Se debe entender que nuestra institución tiene varios siglos, por lo tanto, muchas veces los cambios son lentos. Pero, más arriba le decía que nuestra práctica es la de la paciencia, y la necesidad de serenidad para pensar el universo en el cual estamos. Le decía que estamos reflexionando en el largo plazo. Hoy existe en la masonería un gran movimiento de adaptación a ese mundo que se está abriendo. Por ejemplo, nuestro pensamiento universalista, ha sido fundamento, como nuestros hermanos han sido protagonistas, de los grandes procesos de integración en curso, como la Unión Europea o el Mercosur. Pensemos que estamos recién logrando lo que nuestros libertadores pregonaban hace 200 años. Pero la masonería moderna se ha desarrollado muy ligada a jurisdicciones nacionales, lo que era lógico. Hoy esto está en revisión. Colaboran en ello los medios de comunicación que nos permiten un intercambio masónico intenso pero cada vez más personalizado y de hecho, los masones del mundo se conectan por INTERNET, intercambian opiniones y trabajos de reflexión, etc. y esto enriquece a sus respectivas instituciones. Pero tiene una contra, y es que las estructuras orgánicas actuales generalmente aceptadas, tal vez no estén demasiado adaptada a un funcionamiento en red u horizontal. Pero este problema no lo tiene sólo la masonería, sino más dramáticamente todas las organizaciones políticas, económicas e incluso estatales. Sin embargo, también es bueno decirlo, que por su carácter de institución universal que comparte los mismos principos y valores, la masonería está tal vez mejor adaptada para procesar estos cambios, y le llevará más o menos tiempo, pero lo hará sin dudas. En cuanto a su pérdida de influencia, bueno, no tengo criterios valorativos inmediatos. Pero también podemos pensar que muchos de nuestros principios ya son aceptados socialmente como cosa natural, sin necesidad de un gran combate, sino de esporádicos recordatorios. ¿Quién se acuerda hoy que la idea de república democrática era una idea francmasónica?. Hoy es una idea aceptada por la inmensa mayoría. ¿Y las ideas, hoy universalmente aceptadas de derechos humanos y ciudadanos? Es reconocido el rol de la masonería en su difusión e institucionalización. ¿Qué ha pasado entonces, ¿ la Francmasonería ha ganado o ha perdido influencia? Yo diría lo siguiente: lo ideal es que la francmasonería dejara de existir, pues ello significaría que no hay más problemas en el mundo en donde vivimos. Significaría que los ideales de libertad estarían vigentes y que nadie sufriría la opresión material o espiritual o política. Significaría que las ideas de igualdad también estarían vigentes, y que no habría más pobreza extrema, niños esclavos, o gente hambrienta, como tampoco discriminación por motivos religiosos, raciales o sexuales. O que no explotaríamos a la naturaleza hasta poner en peligro la propia supervivencia humana. Significaría que la fraternidad como ideal de redención humano reinaría sobre la humanidad, y no habría ni violencia ni guerras de dominación o de exterminio étnico, ni arcaicas guerras religiosas. Significaría que reinaría la paz. Significaría que no hay horfandad espiritual. Pero la verdad es que todo esto parece un sueño un tanto lejano. Y mientras éstas cosas existan estará la masonería para señalar que otro futuro es posible y deseable. También somos conciencia planetaria.

En los últimos tiempos la jerarquía de la Iglesia se ha hecho sentir fuertemente, solicitando ampliar los recursos destinados a la educación también hacia el sector privado. ¿Qué piensa la masonería mixta la respecto?

Debemos ser claros al respecto. Defendemos las ideas e instituciones laicas, pues ellas son garantía de tolerancia, imparcialidad del estado frente a asuntos de índole privado, como es la libertad de conciencia y de adoptar la religión que se desea o de no adoptar ninguna. Todo lo cual es garantía de armonía y paz civil. La experiencia internacional nos indica dramáticamente que donde se privilegia el comunitarismo étnico, confesional o cultural, estallan las rivalidades y las confrontaciones, las sociedades se desgarran y dividen y eso conlleva situaciones lamentables para las personas y para las naciones. No deseamos esto para nuestro país. Empecemos entonces por no fomentarlo. Creemos en el rol esencial de la enseñanza gratuita, obligatoria y laica, como garantía de acceso a la educación en igualdad de condiciones para todos los niños de nuestros país. Este es un pilar de la República , y ha sido una de las claves de su progreso indiscutido como nación. Se puede modernizar, actualizar, tecnificar, pero sus valores de base, filosóficos, éticos, morales y cívicos deben perdurar. La laicidad es lo que garantiza también la libertad que tienen los padres, dentro de los programas nacionales, de elegir los centros educativos, públicos o privados que más les convenga a sus propósitos. Aquí naturalmente hay una discriminación positiva. La sociedad hace un enorme esfuerzo para dar oportunidades a sus niños provenientes de los sectores más débiles. Entonces quienes pueden o desean ofrecer a sus hijos una enseñanza especializada en materia religiosa, por ejemplo, pagan un plus que no lo harían si los chicos fueran a la educación pública. Me parece dentro de la lógica de las opciones privadas, que se deben respetar. Pero no es lógico retirar fondos del rol social de la enseñanza, para volcarla en actividades que – aunque legítimas – sin embargo privilegian a un sector minoritario de la población.

 

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