AWAKENING


Era un zoológico como muchos otros, en él habitaban una gran variedad de animales. Los había salvajes, domesticados, presas y depredadores.

Juntos habían formado una sociedad extraordinaria.

Ocho horas permanecía aquel zoológico abierto, y ocho horas eran las que estos animales trabajaban.

Porque de hecho, para esa comunidad que habitaba entre muros, ser exhibidos al público era su trabajo, su tarea diaria.

Esta tarea consistía en dejarse ver por los visitantes al parque, adquirir poses graciosas, comer algún caramelo que los niños tiraban y si se podía, dormir la siesta; en fin, comportarse de la forma en que los humanos esperaban que se comportasen los animales allí encerrados.

Todos los días, a las cinco de la tarde, sonaban cinco campanadas que anunciaban al público que era el momento de retirarse. Y así lo hacían.

Todos los días, los animales presenciaban el mismo espectáculo. 

Al sonar las campanas, los padres llamaban nerviosos a sus hijos, los cuales correteaban de jaula en jaula queriendo ver más.

A la larga, refunfuñando, los niños obedecían al requerimiento de los adultos y todo el parque comenzaba a vaciarse de a poco mientras los visitantes se dirigían a la salida a paso cansado.

Mientras la multitud pasaba por delante de las jaulas, los animales ponían cara triste, como suplicando que no los abandonasen. Todo era parte del espectáculo, parte del trabajo.

Una vez que todo quedaba en silencio, los guardias pasaban una gruesa cadena al portón principal y se volvían a sus casas.

Poco a poco el sol se iba ocultando y algunas voces se comenzaban a oír.

- ¡ que día hoy se oyó por ahí.
- La comida sigue siendo mala- dijo una voz gruesa.
- El calor es insoportable – contestó otro.

El rechinar de las puertas de las jaulas que se abrían se hacía cada vez mas notorio.

Primero una, luego otra, hasta que todas las jaulas se abrieron.

Es que la pequeña Sara, una comadreja joven y muy menuda, salía todas las tardes por un hueco en el piso de su jaula, portando la llave maestra que abriría todas las celdas del zoológico. 

Era un puesto de mucha importancia, el cual había heredado de su madre, quien fuera enviada a un zoológico lejano el año anterior.

El parque, entonces, comenzaba a tomar vida nuevamente. Todos los animales andaban de aquí para allá, hablando entre si.

El zoológico se transformaba cada noche en una ciudad habitada por animales.

Era algo extraño, todos hablaban idiomas diferentes, algunos provenían de Africa, otros de la India, y hasta había animales del Polo Sur.

Todos hablaban, todos se contestaban, pero nadie entendía lo que el otro decía.

Awakening se rehusaba a abandonar su jaula, aunque ésta permaneciera abierta toda la noche. 

El había llegado hacía poco de la ciudad. No sólo era nuevo allí, sino que no había otro de su especie. Pasaba el día pensando y meditando sobre todo lo que se le ocurría.

En el tiempo en que había permanecido en aquel zoológico no hizo ni un solo amigo. 

No podía entender, como todos los días, aquellos ciudadanos de la ciudad entre muros, se vestían con sus mejores ropajes y salían a socializar entre ellos. 

Si bien a simple vista parecía que todo andaba bien, la verdad era que nadie se entendía. 

El león preguntaba en afrikáans y el oso le respondía en ruso, pero ni el oso entendía afrikáans ni el león hablaba ruso, definitivamente algo andaba mal.

Sin embargo, todos parecían felices con aquella vida, aunque todos hablasen y nadie escuchase.

Parecía que lo importante era solo hablar, y no el prestar atención a lo que el otro decía.

Awakening se sentía desolado. Le era imposible creer que nadie notase lo que allí estaba pasando.

Todos los días era lo mismo, de 9 a 5 en las jaulas, y por la noche presenciar esa locura inconducente.

La soledad, la incomprensión y el desconcierto de habitar un lugar así lo mantenían abrumado día tras día.

Una noche, ya con la puerta de su jaula abierta, decidió dar un paseo por el jardín zoológico.

Se paró delante del rinoceronte y lo saludo muy cortésmente, a lo cual el voluminoso animal contesta en una lengua que él no conocía, y hablaba y hablaba sin poder detenerse. Desconcertado, decidió visitar el reptilario, pero salió corriendo, ya que la cantidad de voces y lenguas extrañas lo abrumaron.

Casi decepcionado por no poder hacer nada con todo aquello, decide volver a su jaula.

De repente, pasa por el estanque de las tortugas. Era un lugar muy agradable. Se trataba de un montículo de piedras, rodeado de agua fresca y cristalina. Era el lugar que más le gustaba, por lo que pensó volver a la siguiente noche. Y así fue. A la noche siguiente volvió al estanque; se sentía fascinado, especialmente por las pequeñas grutas que se formaban entre las piedras.

Una extraña fuerza lo guiaba hacia la entrada de una de las grutas. No sin temor, Awakening decidió cruzar el estanque y acercarse a la entrada.

Paso tras paso se fue introduciendo en la gruta, estaba oscura, muy oscura y nada podía ver. Poco a poco, sus ojos se fueron acostumbrando a la oscuridad. Tuvo que emplear todos sus sentidos para ubicarse allí adentro. Casi nada podía ver, pero sus manos lo ayudaban a ir descubriendo el lugar.

Se sentía solo y un poco asustado. Vió esqueletos de otros animales que sin duda habían quedado atrapados. Pero siguió adelante, se dijo a sí mismo que la oscuridad que reinaba ahí dentro no era peor que la oscuridad que reinaba afuera. Así, a tientas, decidió seguir, acompañado por la ayuda de sus manos que iban tocando las paredes rugosas de la caverna.

No sabía cuanto tiempo llevaba ahí, su reloj lo había dejado en la jaula y también había olvidado la brújula con la cual podía haber hallado la salida.

Awakening estaba perdido, ya le era imposible volver atrás.

Debo estar loco- se dijo, qué hago en medio de esta oscuridad y rodeado de esqueletos?.

Pero nuevamente recordaba que al igual que en esa gruta, afuera estaba solo, no entendía lo que le decían y nadie entendía su idioma.

Esos pensamientos lo impulsaron a seguir. Nada podía ser peor de lo que se vivía afuera, prefería morir en esa gruta que retornar.

Supuso que habían pasado varias horas desde su llegada, pero el seguía caminando y adentrándose cada vez más profundo.

Sólo había un camino para él, seguir adelante, pero el hambre y el cansancio comenzaban a pesarle.

Pasaba sus manos por las paredes y el piso de la gruta, pudiendo ver muy poco en tal oscuridad. Al lado de un esqueleto, tocó lo que le pareció una bolsa de tela. ¿Qué habría allí dentro? Deslizando su mano dentro de la bolsa halló un pedazo de pan, sació su hambre con el alimento y el cansancio lo venció, quedándose dormido.

Awakening sueña y tiene pesadillas, se le aparece la muerte y le dice que ha llegado su hora, y figuras extrañas pueblan su sueño intranquilo.

Antes del amanecer lo despierta el cantar de un gallo. Ya consciente, intenta oír nuevamente al ave cantar, tratando que el sonido lo guíe hacia una salida. Pero no podía discernir si el canto provino de sus sueños o si era realidad.

Agudiza sus oídos y escucha atentamente – ahí está de nuevo – pero proviene de más adentro de la gruta. No podía ser!.

Pensando que tal vez habría otra salida, se levanta y sigue adelante hacia donde provenía el cántico del gallo. Casi sin darse cuenta, comienza a sonar una música. Lo tranquiliza, ya no se siente desolado.

A lo lejos, una tenue llama ilumina la entrada a otra gruta, una entrada tan pequeña que Awakening tuvo que agacharse para poder entrar. Al pasar por ella, sintió que dejaba la vida de aquel zoológico atrás, que se libraba de un gran peso en sus hombros, pero que al final del camino moriría en la soledad de esa gruta.

Sin embargo, al pasar el umbral de esta nueva gruta, vio cómo pequeñas luces se formaban en las paredes, como resplandores. Pensó que las paredes de esa gruta debían estar compuestas por piedras que de algún modo reflejaban la tenue llama que había visto a la entrada.

Quedó ahí, en la entrada, parado, quieto sin atreverse a emitir sonido alguno, deslumbrado por el destello de las paredes.

Para su sorpresa, las luces comenzaron a desprenderse de las paredes y avanzaban hacia él.

Permanecía inmóvil, ya no pensaba, sólo contemplaba el sublime espectáculo.

A medida que las luces se acercaban hacia él, vio cómo su cuerpo se transformaba, se convertía en un ser diferente.

Las luces estaban ahora más cerca, y pudo distinguir unas formas, unas sombras que lo rodeaban, las luces no provenían de las paredes, salían del pecho de estas personas.

Awakening no podía creer lo que estaba presenciando, fue rodeado por las sombras y se miró a sí mismo para comprobar que en el lugar de su corazón comenzaba a destellar una luz. Muy tenue aún, pero que con cada paso que daba se hacía cada vez más intensa.

Las luces formaron un círculo en torno a él, como en señal de bienvenida, de repente, sin siquiera darse cuenta, él también pasó a formar parte de ese círculo, no había necesidad de hablar, el idioma no existía, sólo el destello de las luces los unía.


    Q.·.H.·.D.·. P.·.  R.·.L.·. Rebis N° 6 - GOFMU