La universalidad del ideal masónico, su antigüedad y la
solidez de sus estructuras, la fe en la eficacia de sus principios y de sus métodos, no
hacen olvidar al Gran Oriente de la Francmasonería Mixta Universal la necesidad de su
adaptación progresiva a las rápidas transformaciones que ocurren en el mundo moderno y
en particular en nuestro continente.
Las necesidades materiales y espirituales de los hombres de
este fin de siglo evolucionan con una rapidez nunca vista. Por propia decisión, le
corresponde a la Francmasonería ayudar a satisfacerlas.
Su rol de sociedad de pensamiento, permanece, en el medio de
todos los cambios de la sociedad profana, tan indispensable a la actual generación como a
aquellas que la han precedido. En un mundo moderno que reduce muchas veces las
aspiraciones de los individuos a la fatalidad o a una suerte de conformismo
desvalorizante, que tiende a ahogar su personalidad, aunque más no sea regodeandose en su
egoísmo, la Logia masónica es un asilo del libre pensamiento y de la reflexión serena.
Frente a la tendencia creciente de la sociedad a especializar
las actividades profesionales, la Logia es uno de los raros lugares donde "hombres y
mujeres libres y de buenas costumbres" pueden continuar a confrontar sus experiencias
diversas y reencontrar las preocupaciones espirituales y morales que la vida profana los
lleva a descuidar.
El Gran Oriente de la Francmasonería Mixta Universal, en el
silencio laborioso de sus talleres, prosigue ese indispensable esfuerzo de reflexión
sobre el hombre y su lugar en la sociedad, sobre los medios de preservar la dignidad del
uno asegurando los progresos armónicos de la otra; contribuye a este enorme esfuerzo de
imaginación que le es solicitado a los hombres de nuestro tiempo para comprender y
dirigir la civilización moderna. Para cumplir esta tarea, la Francmasonería está sin
dudas mejor adaptada que muchos otros grupos, menos seguros de ellos mismos, menos
independientes también.
La obra del Gran Oriente de la Francmasonería Mixta
Universal no está todavía acabada. La construcción del templo ideal, es decir, una
Humanidad pacífica, más justa y más fraterna, y una sociedad latinoamericana
integrada, tomará aun mucho tiempo. Como sus predecesores, y particularmente nuestros
Libertadores, el Francmasón moderno continuará trabajando a construirla.
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