Los Francmasones saben también que la regla del silencio sobre sus trabajos en Logia y sobre la vida interna de sus Obediencias, garantiza en sus Talleres la absoluta libertad de expresión y asegura a la Orden una mayor cohesión.
La discreción entre los Masones que algunos podrían considerar exagerada - se explica también por las lecciones resultante de la historia. Esta nos enseña que todo régimen político arbitrario - siempre a temer - no falta jamás a la cita de alguna campaña antimasónica, cuando no, muchas veces, a la pérdida de libertad de los Francmasones conocidos. ¿Quién no ha sentido hablar de las "conspiraciones judeo-liberales-masónicas", pregonadas por tantos autoritarios de los más diversos orígenes ideológicos?.
La búsqueda de la Verdad a través de las vías iniciáticas y el lenguaje de los símbolos es la esencia misma de la Francmasonería.
Los Francmasones no son místicos persiguiendo algún Absoluto esotérico ni fieles iluminados de una religión ocultista. La Iniciación masónica, sin embargo es mucho más que una simple ceremonia de recepción; es simbólicamente una muerte y una resurrección. Invita y compromete al nuevo iniciado a ser franco consigo mismo, con sus imperfecciones, a desearse más puro, a despojarse de sus pasiones materiales y de sus prejuicios, a conocer y desplegar las fuerzas espirituales que se encuentran en él, gracias a las cuales puede progresar en el camino hacia el Conocimiento.
El lenguaje simbólico mal comprendido, para el profano, no es más que un conjunto abigarrado de signos y analogías confusas; pero, si para el Francmasón esos símbolos no tienen valores mágicos, sin embargo están cargados de significados y de valores; son un medio práctico de aprehender las ideas, y lejos de imponer un límite al desarrollo del pensamiento, ayudan a través de la libre interpretación, a mejor penetrar en la realidad del mundo en que vivimos.
El simbolismo masónico es un lenguaje comparable al simbolismo matemático; conviene a todos los espíritus, incluso a los más racionales. Lejos de estar superado, encuentra una justificación nueva en los progresos de la psicología y de la sociología modernas que muestran cuanta necesidad tiene, el espíritu humano, de los símbolos, para comprender las realidades de la vida.
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