La Francmasonería, entidad simbólica independiente de
los partidos y de los poderes políticos, ha sufrido muchas ataques; su ideal democrático
le ha valido - actualmente también - de ser perseguida por los regímenes
políticos totalitarios; por el liberalismo de sus concepciones filosóficas ha sido
condenada por la Iglesia Católica, y sus miembros excomulgados. Sin embargo, la
Francmasonería ignora estas reacciones hostiles y continúa su trabajo.
Cada Francmasón "desbasta su piedra bruta": se
enriquece moralmente del trabajo cumplido por él mismo y sus Hermanos. Su lento progreso
individual es el objetivo esencial de la Masonería. Las "piedras pulidas"
sirven para construir el Templo, construcción incansablemente proseguida desde hace
siglos. El Templo está destinado a todos los Hombres y sus constructores no desean
reservarlo para su uso exclusivo.
La decoración de los Templos y el Ritual de las Tenidas
(reuniones) masónicas muchas veces sorprenden a quién solo ve decorado y ceremonial. El
Francmasón los acepta sin complejos, dado que él conoce el valor simbólico y sabe lo
útiles que son en sus trabajos, creando la atmósfera tan particular de un Taller
masónico, asegurando de esta manera la buena marcha de los trabajos.
Por pintoresca o pasadas de moda que puedan parecer estas
ceremonias a los ojos de los profanos, ellas son para los Francmasones tanto más
emocionantes en la medida que ellas representan la marca más auténtica de la
originalidad y de la universalidad de la Orden. Efectivamente, más allá del lugar
geográfico, de las opiniones sustentadas, de la lengua en que se comuniquen y de la
originalidad de los Talleres, el elemento común a todos los Francmasones del universo es
su metodología simbólica de trabajo representada por el Ritual y la decoración de
sus Logias.
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