LA MASONERIA: TRADICION Y PORVENIR
¿De donde venimos? - ¿Quiénes somos? - ¿A dónde vamos?
 
TOLERANCIA Y HUMANISMO
 
La enseñanza masónica no es una metafísica. La Iniciación masónica no es una Revelación definitiva de una Verdad única. La vía iniciática brinda al individuo los instrumentos simbólicos indispensables a su perfeccionamiento; no es un dogma sino un método.
 
El Gran Oriente de la Francmasonería Mixta Universal no es por tanto ni una religión ni una Iglesia, sino una sociedad de hombres y de mujeres libres; no impone a sus miembros ninguna creencia metafísica. Se esfuerza por desarrollar en ellos un espíritu crítico, espíritu de libre examen. Los Francmasones son, ante todo, libre-pensadores. Estiman que no se trata ni de llegar a la Verdad Absoluta, definición válida para todos los tiempos, ni de sustraerse al juicio de la Razón.
 
Las reglas de disciplina interior y de discreción con respecto al mundo profano no limitan la libertad del Francmasón. Entrando en el Gran Oriente de la Francmasonería Mixta Universal, el profano no renuncia a ninguno de sus derechos, a ninguna de sus convicciones; él se impone como primer deber el respeto de las opiniones de sus Hermanos y se asegura la posibilidad de expresar libremente las suyas. La tolerancia mutua, que es la regla de trabajo masónica, permite todas las confrontaciones de ideas.
 
Apegados, desde su mismo origen, al respeto del pensamiento, entonces, al respeto del Hombre, los Francmasones no han aceptado nunca ningún menoscabo, cualquiera sea su carácter, al espíritu de libre crítica y de libre exámen. Siempre han denunciado toda fuerza limitante, condicionadora o violadora de las conciencias.
 
La confianza en el Hombre que proponen los Francmasones los lleva a creer en su perfectibilidad y en la de las sociedades: su filosofía es resueltamente optimista. Y a pesar de los momentos obscuros por los que de tanto en tanto pasan los países o la Humanidad, los Francmasones siempre accionan y piensan en que esos períodos son pasajeros y que el Hombre y las sociedades humanas encontrarán los caminos de su libertad.
 
En nuestro mundo, las preocupaciones materiales banales privan muchas veces al individuo de sus propias posibilidades de profunda reflexión sobre si mismo y lo que le rodea. Lo mismo sucede cuando el hombre no obtiene ni lo mínimo indispensable para él y los suyos sumidos en la pobreza absoluta. Ambas facetas son percepciones de un mismo fenómeno que justifica las injusticias.
 
El conformismo de la civilización de masas tiende a reducir el lugar de los valores morales y espirituales indispensables al equilibrio de las conciencias. Las Logias masónicas defienden el humanismo y buscan los medios de definir las nuevas formas que debe tomar en el mundo actual.
 
En un mundo y una sociedad donde los valores materiales sirven casi siempre de único criterio de discernimiento, el Francmasón intenta por la vía del ejemplo de sus Hermanos y Hermanas, y por las enseñanzas de la Orden, ser un hombre justo o una mujer justa y obedecer a las obligaciones morales del honor y de la probidad. La Francmasonería, además de una escuela del pensamiento, es ante todo una escuela de dignidad humana.

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